La danza de los micos

Caminata nocturna a la luz de la luna. El agua latente. El camino es el campo.

Aparecí silencioso a visitar un viejo árbol de caucho. Las sombras y la voz de los micos fueron anunciándose en las siluetas de las ramas. Emocionado, los saludé. Emití un silbido que me salió del momento y con respeto les transmití mi sana energía. Pensé en la danza de los micos y la dancé en señal de hermandad y les dije: hermanos.

Me retiré agradecido y fui a columpiarme de alegría. Aún con los pies en la tierra me balanceaba suavemente de adelante hacia atrás cuestionándome sobre la existencia.

Así es nuestro digno vivir.